La incertidumbre marcó la jornada electoral en Perú, donde el resultado de la elección presidencial continuaba sin definirse debido a la estrecha diferencia entre los candidatos Keiko Fujimori y Roberto Sánchez.
Con más del 93 % de las actas procesadas, Fujimori mantenía una ligera ventaja al obtener el 50,2 % de los votos válidos, mientras que Sánchez alcanzaba el 49,9 %, una diferencia mínima que mantenía en suspenso la definición del próximo gobernante del país sudamericano.
El ajustado margen reflejaba la fuerte polarización del electorado peruano y anticipaba una espera prolongada hasta la consolidación de los resultados oficiales.
De confirmarse la tendencia, uno de los dos aspirantes se convertiría en el noveno presidente de Perú en apenas una década, un período marcado por la inestabilidad política y los constantes cambios de gobierno.
Mientras avanzaba el escrutinio, simpatizantes de ambos candidatos permanecían atentos a la evolución del conteo, conscientes de que cada voto podía ser determinante para definir quién ocuparía la presidencia del país.








